Espiando en una noche de otoño por la ventana de una acogedora y redonda cabaña en medio de un frondoso bosque, podemos ver tres pequeñas siluetas cantando y tocando alegremente. Allí están el Gato, el Pato y la Ardilla, tres entrañables amigos que preparan todas las noches la más rica sopa de calabaza.
El secreto de la exquisitez de esta sopa es que trabajan siempre en equipo: El Gato siempre corta la calabaza, la Ardilla siempre remueve y el Pato, el menor del trió, siempre pone la cantidad precisa de sal. “Los tres juntos sorben la sopa y tocan su canción, y luego se meten en la cama debajo del edredón cosido por el Gato, bordado por la Ardilla y rellenado con suaves plumas del Pato”.
Todo es armonía en la vida de estos tres amigos, hasta que un día al Pato se le ocurre que él quiere remover la sopa! Y la paz se quiebra: “Se armo un lio, una horrible pelea, una trifulca, un barullo, un jaleo…”
De aquí en adelante, vivimos con el Gato y la Ardilla, primero la cólera y orgullo por la rebelión del Pato, para luego pasar por la ansiedad ante su alejamiento y finalmente la tristeza y arrepentimiento por la furiosa partida de su querido amigo. Y todo por no haberle dejado remover la sopa.
Prosiguen luego cálidas, tiernas y graciosas escenas que reflejan las elucubraciones de los dos amigos pensando en el peor o mejor destino que ha podido tener Pato fuera del hogar. Y poco a poco vamos descubriendo en estos tres animalitos los valores de la amistad, la tolerancia y como no, los comunes problemas de la convivencia familiar.












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